... Acostumbraba a pasear por aquellas calles todas las noches.
Todas las noches caminaba hasta asomarse a la iglesia;
y luego, simplemente, volvía sobre sus huellas, perdiéndose,
lamentándose, rehuyendo las miradas acosadoras de los escépticos.
Aquel día no parecía diferente. Caminaba él, como siempre.
Era de noche, y se paró al llegar frente a la iglesia.
Y así nada mas, solo porque si, desapareció.
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Me encanta este cuento...
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